viernes, 20 de mayo de 2011


Historia y autoría de la canción Mr. Bojangles (Spanisch-Deutsch)

de Pablo Ardouin Shand, el jueves, 19 de mayo de 2011 a las 10:22

Cuando el arte de cantar aún era una pasión, llena de autenticidad, elegancia, respeto ante si mismo y su público, simpatía, alma y coraje, buen gusto y profesionalidad. A los 60 años, cinco antes de su muerte acaecida en California en 1990 por un cancer de garganta, el hijo de madre puertoricana, de ascendencia cubana, y padre afroamericano, Sammy Davis Jr., en un concierto en Alemania. Que desgracia, que ganas de haberlo visto escuchado alguna vez en vivo.
Saludos y Viel Spaß
Pablo

Deutsch:
Als die Kunst des Singens immer noch eine Leidenschaft war, voller Authentizität, Eleganz, Respekt für sich selbst und Ihr Publikum, Sympathie, Seele und Mut, guten Geschmack und Professionalität. Gerade 60 Jahre Alt, fünf Jahre vor seinem Tod in Kalifornien im Jahr 1990 von einem Kehlkopfkrebs, der Sohn eine Puertoricanerin Mutter mit kubanischer Wurzeln und afroamerikanischen Vaters, Sammy Davis Jr., bei einem Konzert in Deutschland.
Grüße y que lo gocen,
Pablo

Español:
Mr. Bojangles, de Jerry Jeff Walker.
El cantante de country Jerry Jeff Walker escribió la canción Mr. Bojangles en 1968 inspirado por un encuentro con un artista callejero en la prisión de Nueva Orleans. Al contrario de lo que suele pensarse, el tema no se refiere al popular bailarín Bill Bojangles Robinson, ni tampoco al músico de blues Babe Stovall, como se ha apuntado en ocasiones. De hecho, el sujeto en cuestión era blanco.

Según explicó Walker en su autobiografía, Gypsy Songman, el 4 de julio de 1965 se cometió un crimen en Nueva Orleans que llevó a la policía a practicar numerosos arrestos entre los vagabundos. Walker ya estaba entre rejas previamente por una borrachera, y así fue como coincidió con el cantante y bailarín callejero, de avanzada edad. El hombre comenzó a evocar historias sobre su vida, entre ellas la de la muerte de su perro tras pasar muchos años junto a él. Entonces, cuando la conversación se tornó triste, otro preso le pidió que animase el ambiente bailando un poco. Así lo hizo, y fue entonces cuando Jerry Jeff Walker descrubrió que aquel hombre, como todos los reclusos, tenía su propio apodo: Mr. Bojangles.

Tres años después de la edición original, la canción entró en el Top 10 estadounidense gracias a una enérgica versión registrada por la Nitty Gritty Dirt Band. Otros muchos artistas han grabado el tema a lo largo de los años, pero nadie ha alcanzado el grado de identificación y carga emotiva como el que le otorgaba Sammy Davis Jr. cuando la interpretaba. Cualquier grabación en directo del tema por el fiel amigo de Frank Sinatra a lo largo de los años 70 o los 80 es pura magia, acompañando su entregada interpretación vocal con una coreografía que subraya la dramática narración.
(Sacado de "poesiacargadadefuturo")

Deutsch
Mr. Bojangles, Jerry Jeff Walker. 
Der Country-Sänger Jerry Jeff Walker schrieb das Lied im Jahr 1968, inspiriert
in eine Begegnung mit einem Straßen - Künstler der in New Orleans Gefängnis sitz. Im Gegensatz landläufigen Meinung bezieht sich das Thema nicht auf der beliebte Tänzer Bill Bojangles Robinson und auch nicht auf der Blues-Musiker Babe Stovall. Ausserdem der Mann war weiß. 

Walker erklärt in seiner Autobiographie „Gypsy Songman“, am 4. Juli 1965 wurde ein Verbrechen in New Orleans begangen, dass die Polizei zu zahlreichen Verhaftungen unter 
Landstreicher geführt hat. Walker war zuvor hinter Gittern wegen Trunkenheit und da hat er ein Alter Mann begegnet der in der Polizei Razzia festgenommen wurde . Der Mann erzählte Walker Geschichten über sein Leben, darunter den Tod seines Hundes, die ihm viele Jahre begleitet hat. Wenn das Gespräch traurig wurde, fragte ein anderer Insasse ihn ob er nicht so wie früher tanzen könnte. Er tat das, und so erfährt Jeff Walker auch dass dieser Mann, wie alle Gefangenen, seinen eigenen Spitznamen hatte: "Mr. Bojangles. 

Drei Jahre nach der Originalausgabe, trat der Song in die der Top 10 der US Hit Liste 
dank eines starken Version von der Nitty Gritty Dirt Band. Viele Künstler haben den Titel im Laufe der Jahre aufgenommen, aber keiner hat das Niveau, die Identifikation und die Emotionalität von Sammy Davis erreicht. 
Jeder Sammy Davis Live-Aufnahme des Lied ist pure Magie, er begleitet seinen Gesang mit einer Choreographie, die die dramatische Höhepunkte der Geschichte Ergänz.

Ganz frei übersetzt von P. Ardouin
Traduccion libre de P. Ardouin


Original:
MR. BOJANGLES

C Em Am Am7 F G G7 C Em Am Am7 F G G7 F C E7 Am Am7 D9 G G7
Am G Am G Am G C Em Am G:

I KNEW A MAN BOJANGLES
AND HE'D DANCE FOR YOU
IN WORN OUT SHOES

WITH SILVER HAIR A RAGGED SHIRT
AND BAGGY PANTS
THE OLD SOFT SHOE

HE JUMPED SO HIGH
HE JUMPED SO HIGH
THEN HE LIGHTLY TOUCHED DOWN

    chorus;
MISTER BOJANGLES
MISTER BOJANGLES
MISTER BOJANGES DANCE

I MET HIM IN A CELL
IN NEW ORLEANS
I WAS DOWN AND OUT

HE LOOKED AT ME TO BE
THE EYES OF AGE
AS HE SPOKE RIGHT OUT

HE TALKED OF LIFE
TALKED OF LIFE
HE LAUGHED SLAPPED HIS LEG A STEP

    chorus

HE SAID HIS NAME BOJANAGLES
THEN HE DANCED A LICK
ACROSS THE CELL

HE GRABBED HIS PANTS FOR A BETTER STANCE
THEN HE JUMPED SO HIGH
HE CLICKED HIS HEELS

THEN HE LET GO A LAUGH
LET GO A LAUGH
SHOOK BACK HIS CLOTHES ALL AROUND

    chorus   

HE DANCED FOR THOSE
AT MINSTREL SHOWS AND COUNTRY FAIRS
THROUGHOUT THE SOUTH

HE SPOKE WITH TEARS OF FIFTEEN YEARS
HOW HIS DOG AND HIM
TRAVELED ABOUT

HIS DOG UP AND DIED
HE UP AND DIED
AND AFTER TWENTY YEARS HE STILL GRIEVED

    chorus

HE SAID I DANCE NOW
AT EVERY CHANCE IN HONKY TONKS
FOR DRINKS AND TIPS


BUT MOST THE TIME I SPEND
BEHIND THESE COUNTRY BARS
FOR I DRINKS A BIT

HE SHOOK HIS HEAD
AND AS HE SHOOK HIS HEAD
I HEARD SOMEONE ASK PLEASE

Español:
MR. BONJANGLES

Conocí a un hombre, Bojangles,
que bailaría para ti,
con zapatos gastados.

Pelo plateado, camisa raída
y pantalones holgados.
Se calzaría aquellos zapatos viejos...

Saltaría tan alto, saltaría tan alto.
Para volver a caer con elegancia.

¡Señor Bojangles,
señor Bojangles,
baile!

Lo conocí en una celda, en Nueva Orleans.
Yo estaba completamente abatido.
Me observó con la mirada de la experiencia
y habló con conocimiento.
Habló sobre la vida, habló sobre la vida.
Y riendo, adelantó la pierna para dar un paso.

¡Señor Bojangles,
señor Bojangles,
baile!

Dijo su nombre, "Bojangles",
y bailó con agilidad
por toda la celda.

Se agarró los pantalones para tener más soltura.
Oh, saltó tan alto
y golpeó sus talones.

Dejó escapar una risa, dejó escapar una risa.
Meneó sus ropas por todos lados.

¡Señor Bojangles,
señor Bojangles,
baile!
¡Sí, baile!

Bailaba por todos esos espectáculos de variedades y ferias de campo
por todo el Sur.
Habló con lágrimas de cómo,
en cincuenta años, su perro y él
habían viajado por todas ellas.

Su perro se murió de repente, se murió de repente,
y después de veinte años,
todavía llora por él.

¡Señor Bojangles,
señor Bojangles,
baile!

Decía: “Bailo ahora en los tugurios a cada oportunidad
por bebida y propinas.
Pero la mayor parte del tiempo lo paso tras las rejas
porque bebo un poco”.

Sacudió su cabeza y... sacudió su cabeza.
Oí a alguien pedirle,
“Por favor, por favor...

¡Señor Bojangles,
-lo llamó "señor Bojangles"-,
Por favor, vuelva y baile!
¡Baile!

¡Señor Bojangles, vuelva y baile!”

jueves, 21 de abril de 2011


COMO NO ANDAR EN BICICLETA EN ALEMANIA

Pablo Ardouin


Mi mayor anhelo cuando niño era tener una bicicleta. No como un medio de transporte como lo ven los alemanes, los holandeses los daneses y los chinos, si no más bien como un juguete. Yo aprendí que la bicicleta no era un juguete sólo al llegar a Alemania. También aprendí que había que respetar con ella a los peatones, los pasos de cebra, y los caminos y senderos -que en muchos lugares y ciudades alemanas están especialmente demarcados para ello. Que había que hacerle el quite a los perros, a las palomas, a las ardillas, los gatos, a los autos y la caca del perro. Es que prácticamente aprendí a andar en bicicleta en en forma civilizada en Alemania. Tampoco pude tener jamás una bicicleta porque mi papá trabajaba en la Compañía de Acero del Pacífico, y en cada Navidad, esta empresa ofrecía a sus empleados a precio de huevo… sólo patines. Así que fui un patinador experimentado en bajadas a toda raja por las recién pavimentadas calles de mi barrio La Higueras, entre Concepción y Talcahuano. Practicaba vueltas de carnero, rechinadas con giradas a lo trompo, en una pata, en dos y a veces, en ninguna. Claro que estas últimas eran más bien des-intencionadas, producto de las frenadas, donde me quedaba por un par de segundos suspendido con las patas  desparramadas en el aire y terminaba de culo contra el pavimento, haciendo añicos los pantalones. Dolía la puta madre, sobre todo en la billetera de mis padres. Eran patines
con ruedas de acero y un juego. No estas cosas como bólidos supersónicos de ahora, los que le dicen, ni una moda.

En Alemania aprendí que no se debe andar en bicicleta con más de dos cervezas en el cuerpo, de la siguiente manera: Año 1983, ciudad de Kiel. Después de beberme dos Shop con unos amigos y terminada mi actuación en uno de los escenarios de la Kielerwoche, pasadas las doce de la noche, me monté en mi bicicleta contraviniendo todas las normas de un
ciclista en Alemania: sin luz, sin frenos, cargando una guitarra al hombro y con los cinco sentidos en franca indisposición. Una calle larga de adoquines, en bajada, en contra del tránsito. Un coche Mercedes Benz en sentido contrario, con las luces altas. Pierdo la vista, luego el control y por fin el equilibrio. El coche pasa como un bólido por mi lado izquierdo, al hacerle el quite, me voy demasiado hacia la derecha, le hago un tremendo rayón con el manubrio a la puerta de un BMW azul estacionado y me voy de bruces contra el suelo. Salta lejos la guitarra y la bicicleta, me quedo tendido con una cicatriz en la pantorrilla derecha. Observo que viene una pareja de viejitos alemanes por la vereda, les digo que llamen una ambulancia, desde una cabina telefónica que está a un par de metros. A los pocos minutos llega un furgón de la policía con su ulular de sirena y se bajan dos uniformados. Los viejitos alemanes cumplieron bien con su rol, anteponiendo el resguardo del orden al de la salud: llamaron a la policía y no una ambulancia. Me introducen en el furgón, me piden los documentos, me llevan a la comisaría. Llaman a un médico para que me haga un examen de alcoholemia, no de mi pierna. El galeno me hace caminar por una línea blanca de ida y vuelta. Debo tocarme la nariz con el índice de mis dos manos al unísono. Debo también hacer el cuatro y soplar por un tubo hacia una bolsa plástica. Resultado: los exámenes físicos fueron exitosos. Me dicen que me vaya tranquilo a casa y que si yo me arreglaba por las buenas con el dueño del auto, esto quedaría en nada. Me dan el teléfono del tipo del BMW. Al próximo
día lo llamo, me invita a su casa, me recibe amablemente con una taza de café y me propone pagarle 100 marcos, lo cual acepto gustoso. Pasados seis meses, cuando yo ya radicaba en
Frankfurt, me llega una orden penal de la Corte de Justicia de Kiel, con un resultado de alcoholemia de 1,40 o/oo y una multa de de 610.10 DM. La policía efectuó un proceso en mi ausencia, demostrando un accionar legal pero desleal e incorrecto. El dueño del BMW me demostró, que los alemanes también son buena onda y bondadosos, cuando se lo proponen y se les respeta. Los viejitos alemanes sólo cumplieron con lo que consideran su deber, velar por el orden, respetar a rajatabla su rol de servidores del estado y la policía. La noche de Kiel me reveló que no es lo mismo, ni del mismo volumen, ni del mismo grado alcohólico, beberse dos
Schoppen en la „Fuente alemana“ de mi ciudad, Concepción, que bebérselos en una fiesta en Alemania. Que no es lo mismo sacarse la cresta andando en patines a la edad de 15 años, en
un país tercermundista de los años sesenta, que sacársela ya casi cuarentón en bicicleta, en contra de un Mercedes Benz, en el centro de una ciudad moderna alemana. 


NADA POR AQUÍ, NADA POR ALLÁ 

Pablo Ardouin 


Nichts hier, nichts dort No hay agua aquí / no hay agua allá / no hay agua en ninguna parte y voy a caballo hacia la cima de aquel monte por la sed apabullado y no hay calor aquí ni hay calor allá / no hay calor en ninguna parte y puchas que hace frío y no hay luz aquí ni hay luz allá ni un destello de fogatas con jinetes ni ladrones ni cuatreros ni baqueanos. No hay luna aquí ni luna allá / todo negro / negro mi caballo / la negrura apoderada de la noche / o sea está oscuro por todos lados y voy a tientas y no hay caminos aquí ni caminos allá / ni el más mísero sendero / esto es el monte y voy muerto / muerto de sed / muerto de frío /muerto de miedo en la noche. No me espera nadie aquí y nadie por allá / pobrecito el pobre / más solo que camino al monte y no hay descanso aquí ni descanso allá / por allá baja y vuelve a subir el monte y ni un alma por aquí ni un alma por allá / tranco desolado / despoblado todo arriba y todo abajo / sólo mi caballo y yo / que tampoco almas / sólo huesos secos con fatiga y carne. No hay ruidos por aquí ni ruidos por allá / silencio por todas partes y misterio sigiloso / tiritando de miedo yo mi caballo y hasta el lazo / sólo el ruido de herraduras sobre palos / piedras y cascajos / la respiración y el aliento asustado / caliente y agitado del caballo y no hay horas aquí ni horas allá / perdió las horas la noche y no tiene horas el monte y voy solo / muerto de sed / muerto de frío / muerto de fatiga / muerto de miedo y espanto / aguantando muerto sin horas la noche y nadie murmura por aquí / nadie murmura por allá / solo un grito rompe el aura impregnada de tinieblas / de misterio y espanto: “¡Quién chucha me mandó meterme en esta huevá?!”